viernes, 12 de abril de 2013

La puerta del sol

El sol resplandecía gris dorado en el polvaredal, lastimaba sus ojos, se metía en sus pulmones, teñían su pelo. Ella era un dorado vertical y esbelto; ella era fundamentalmente sus ojos, inti punco, a una puerta hacia todas las épocas, todas las batallas. Celtíberos luchaban con Romanos en sus pupilas, Visigodos con Moros, y ahora indios con españoles. Catalina era el Misky Mayu, era Santiago del Estero, era Argentina primitiva.

Hace un tiempo atrás tropas de Belgrano se llevaban a su padre hacia Tucumán, prometían libertad! Una libertad distinta a la que ya tenían, en el desolado paraje de Tío Alto. Libertad! ahora no trabajarían más para el rey sino que lo harán para una sociedad libre nueva, para las Provincias Unidas del Sur. Los destinos de sus vidas serán definidos por un nuevo estado donde todos sin distinción de razas serán precisamente seres humanos. Sin embargo vino don Anselmo Peralta y casi a punta de fusil se llevo a Victoriano.

Catalina con tan sólo dieciséis años, tuvo que aprender lo que un hombre necesitaba para sobrevivir en Soconcho. Se podía ver su piel de bronce rasgada por los espinillos soportando con sus finos músculos baldes, entre el ir y venir de los pozos de agua. Ella era un ser humano, uno inocente, mujer joven. Sin entender muy bien de estados ni de la libertad, un ser humano moldeándose como el barro de dios en estas duras circunstancias.

Sobre el arte y la ingeniería.

Es necesario para todo ser humano un espacio de creación. No sé bien cómo definir el arte, tal vez ni siquiera la ingeniería. Sólo comprendo las diferencias y similitudes y rescato por supuesto las similitudes. La Creación!